Tuve la oportunidad hoy de volver a sentarme en una cómoda butaca del famoso Cine Hoyts para ver la película de DreamWorks citada en el título.
De partida parece una simple película para niños como tantas otras que han pasado frente a mis ojos antes, que enfrenta a un "Superhéroe" totalmente virtuoso y desinteresado cuya única misión es brindar ayuda a los necesitados (algo así como Don Francisco) y un villano totalmente despreciable y paria que no hace más que buscar el temor hacia su figura y causar daño a quienes lo rodean, algo bastante sui generis hasta ahí. El vuelco llega cuando comienza a hacerse un zoom progresivo sobre la vida del villano, ampliando sus intenciones y sentimientos, lo cual suele ser de poca importancia en estas situaciones, presentándonos sus motivaciones y un evidente pero generalmente obviado "¿Ahora qué?" una vez que se logra el principal objetivo.
Adentrándome en el tema más social que trata la película, me refiero a la predisposición que uno tiene hacia sus propias aspiraciones y anhelos influenciada por la posición que la misma sociedad nos asigna según nuestras posiciones sociales o habilidades. Un prejuicio que se puede llevar incluso a un plano más íntimo, tomando a las familias como referente. Es cierto que esto de las vocaciones es un tema trillado pero me hace cuestionarme cada día las reales libertades del individuo en nuestros días, llegando a una conclusión: "Eres plenamente libre de realizar lo que tu poder adquisitivo te permita".
En lo que compete a la película, luego hace otro giro ubicando al villano en el plano de héroe bueno al enfrentarse al héroe que ahora es villano, finalmente el director se hace un auto-gol, puesto que vuelve a levantar al "Superhéroe" que en un comienzo deja de lado.