miércoles, 1 de junio de 2011

La noche que desvelé boca abajo

La noche se esparció en el viento
buscando volver
en mil promesas
del amor
que resultan siempre
en vano.
Hacían falta querubines
y doncellas,
ni el alcohol en las cienes
ni el humo de cigarro
entre los dientes,
pueden colmar esa hambre
de poesía que pesa al hombre
y doblega el espíritu
clavando la inercia en la frente
y las indecentes rimas
que sugiere el alma.

El viejo poeta esta echado,
ahogado de borracho.
No produce,
no crea.

Fétido a mierda y orines
se rasca los sobacos,
quemándose en recuerdos de años peores
que no bastan por canciones
para hundirse en las memorias.

Lo comprendí entonces,
me había envenenado.

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