No pretendo cambiar el mundo,
-Por razones que no menciono con fin a no centrar la atención en ellas-.
Mis fechorías se reducen a cambiar de lugar los libros,
A pintar de azul los dos últimos granos de pavimento de cada esquina,
Y posiblemente cambiar el zapato izquierdo por el derecho.
No soy pájaro de mal agüero ni profeta frenético
Mis fantasías con el fin del mundo son de uso personal y reservado
Así como mis sueños con jinetes y demases.
Tampoco soy el Doctor Universal
Que el señor A se encargue de arreglar el mundo con sus mil y un virtudes
Yo en cambio me siento a mirar como se caen las hojas de los sauces.
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