jueves, 4 de noviembre de 2010

Ecos del Inconsciente - II


Llegué de pronto
A una ciudad fría
Y de estridente silencio.
Apuré mis pies a tirones
Y rodé por escaleras.
De pie y tambaleante
Me detuve a observar
Desde mi alto nido
El nuevo escenario
Que me habían dispuesto.
Vi pasar ante mi rostro
Oleadas de voces muertas
Y flores secas
Sorteando los muños
De troncos chamuscadaos
Como el carbón en la chimenea.
Bajo mis pies había un páramo desértico
Antes repleto de flores
Hoy de espigas secas
Repleto de serpientes,
Víboras de plata
Recostado me vi entre ellas
Extrañamente a gusto
Mientras se alimentaban
De mis memorias.
Las víboras no envenenan
Sin endulzar los labios
En los segundos finales.
De pie me puse de pronto
Con un calor que desapareció de mi espalda,
Se rompió la quietud por dos momentos
Sobre el horizonte
Y entre las olas
Apareció un hombre solo
Su piel brilla
Con un fulgor espeluznante.
En una mano carga una soga
En la otra un perro
El hombre alza su voz profunda
Por encima de las montañas
Su lengua corta el aire
Y sus palabras caen como pesados lingotes
Hundiendo el pavimento
Y aplastando los párpados.
Detiene el tiempo en su aliento
Para parir un verso.
Desde mi trono escamoso
Siento su llamado
Inclaudicable me arrastra
Inconsciente como un trompo
-Dejemos morir al suelo-
El hombre tiene en una mano un puñal
En la otra un hueso
-Toma el puñal-
Ahora volamos en el seno del tiempo
La tribu comienza a danzar
Entre el fuego
Las palabras del Chamán
Los disponen en un trance indefinido
Sus rostros sólo dicen ira
Sus manos, venganza
Sus pies, vergüenza
Sus muertos susurran
En nuestros oídos.
Cae un nuevo orden
El pueblo se gobierna, despierto en la nada
Sus movimientos obscenos
Nos despojan de la cordura
Sus vaivenes ridículos los vician
Autocomplacencia
El hombre ya no es de vidrio
Se ha vuelto aire.
Entra por sus narices
Desfigurando sus rostros.
-Sangre queremos-
Caminamos entra montañas
Desde ellas vi un lago
Sin bordes
Sin peces
Atravesamos las historias
Sepultadas en el cieno
Dejamos atrás nuestros pies
Sólo cargamos nuestras lenguas
Llegamos hasta la cuna del dios
Donde su dolor se hace carne
-Nadie es intocable-
Sólo entonces pude detenerme
Levanté mis manos y ellos descendieron
Su paso es largo y tranquilo
Inseguro.
Por primera vez miro a mi alrededor
Y rueda nuevamente el tiempo
En el me recuesto
Sólo a observar
Sólo los muertos pueden recordar
-La historia ha vuelto a empezar-

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