sábado, 12 de marzo de 2011

Apología



So, ¿Qué se puede decir de Sócrates?, pues bien: Que era un hijo de puta soberbio.
No es que pase por alto lo absoluto de sus palabras, y que podría quizás alguien objetar, apuntando a que estoy cayendo en una descalificación innecesaria y absolutamente fuera de lugar. Pero cierto es, que durante ochenta páginas de un juicio que debió haber durado bastante más, es como correr por una pista de obstáculos el dar dos pasos y toparse con esas autorreferencias y aluciones a su persona que entorpecen la lectura, y aún más, que debieron haber sido gravitantes en la decisión final del jurado.

Al leer o releer el libro puse especial atención en como en reiteradas ocasiones caía en el fatal error de adjudicar la "verdad" a sus palabras, lo cual suena contradictorio de sus propios argumentos y que debió haber causado gran deleite en Anito, pues enriquecía su acusación acerca de la postura de Sócrates frente a los dioses (Anito acusaba a Socrates de no creer en ellos). Es esta pretensión de privatizar lo que es cierto o correcto, lo que hace percibir en quién lo lee u oye, una arrogancia que sobrepasa la Estratosfera. Sócrates pretende creer en los dioses, pero al referirse a si mismo como un artefacto ( o servidor) imprescindible de ellos, termina por amarrarlos a una suerte de dependencia, ubicándose al tiempo en un escalón superior a ellos, ergo, Sócrates sólo cree en si mismo, y en las consecuencias de esta actitud.

Habiéndome desahogado en ese punto en particular quisiera también referirme a sus prácticas propiamente tales.
Sócrates plantea una crítica aguda a los intelectuales de su época usando como arma más letal su propia ignorancia, desafiándolos a llenar un vaso que está absolutamente vacío. Sócrates enfrenta a poetas, vates, matemáticos, políticos, filósofos, etc... dejando en evidencia que dentro de su amplia experiencia en temas puntuales, dejan vacíos enormes en materias que podrían ser lo más evidente para el más obtuso de los individuos.
El saber absoluto puede manifestarse en aquél que todo lo ignora, mas esto mismo es algo a lo que todos renunciamos al abandonar el vientre. Si se que hay luz, puedo tomar consciencia de la oscuridad, si escucho, tomo consciencia del sonido, y la idea del ruido crea la curiosidad por el silencio, y así el mismo hecho de ignorar algo tiene sus limitantes, pues implica tener una concepción mínima del tema.
En síntesis, loable es el valor que toma en su rutina el poder de la razón por sobre el conocimiento, y la restitución de la ignorancia como principal motor de busqueda en el pensamiento e interés humano por ese deseo de "ir más allá".

Sobre los poetas: Sócrates plantea la idea de que la belleza en su escritura se da exclusivamente por un don natural, o en la mayoría de los casos, por una costumbre de escribir y quizás también un aprendizaje al leer, como el atleta que se ejercita previo a las olimpiadas, o el músico que practica todos los días con su guitarra, quitando todo poder metafísico que pueda suponerse tras el mismo arte.
Hasta un artesano puede interpretar mejor un poema que su propio autor. Eso lo dice todo.


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