Caminando por la calle lo cargué boca abajo, me era mas fácil tomarlo de esa manera, pero noté un dejo de sorpresa, (de esas sorpresas que no te agrada) en los rostros de los transeuntes. "¡Qué hace ese Cristo boca abajo!, ¡Es inaceptable!, ¡Silencien al hijo de Satán!". Miré hacia atrás y parecía por unos segundos que me gritaban a mi, luego comprendí que no y seguí caminando. "¿Por qué irían hacia mi los gritos?, no había razón, a menos que cargase a Jesús, pero no era el caso, éste sonreía""
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