
Un cura me daba consejos de como llevar un buen matrimonio, atento lo estuché y salí luego de hacer lo de costumbre: agua bendita, cruces y padres nuestros y vuestros. Al salir veo niños hablando de la asquerosa película del viernes en la que un hombre y una mujer se besaban intensamente, pensando que ya era un día interesante tomo mi camino de vuelta a casa y veo estudiantes que protestan por la mala calidad de la educación y un amplísimo etcétera, obviamente esto lo hacían en el recreo de media hora para luego seguir preparando su PSU. Llego a casa exhausto y dentro del refrigerador hay un simpático papel doblado con la clásica leyenda "Te dejé el almuerzo en el refri, calientala en el microondas" cuando me dispongo a servirlo recibo la llamada de mi hija "Papá, hoy llegaré mas tarde de lo normal, pasaré a casa de una compañera a estudiar historia", me duermo la tarde y retomo la rutina de buscar trabajo. Llega mi mujer, llega mi hija pisandole los talones, una discución rutinaria con los clásicos "te odio" y "no te soporto", portazos y luego el silencio abrumador. Se sirve la cena y para romper el incómodo silencio llega el siempre bienvenido "demos gracias por los alimentos" ... y yo que pensaba que la vida no tenía sentido del humor.
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