Queredor empedernido de una sola dama
Pirata de puerto único recogiendo ceniza
Cenizas esperanzadoras en Isla que flota en Ron
Buscando dama de honor que arrastre sus barbas
Crecidas en tiempos de espera
Esperando que llegue el olvido
Ante la incapacidad
total
de renunciar
¡No cesen las palomas!
¡No cesen los cantos!
¡No cesen las hojas en blanco asesinadas!
¡No cesen los poemas como misiles teledirigidos
a sus córneas!
Y de cuando en cuando
Una visita al convento
Un paseo por el jardín
Para pronunciar su puro nombre
Entre el silencio ensordecedor
De tu ausencia.
Santiago: vida y muerte.
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