viernes, 18 de junio de 2010

Con el Pié Izquierdo

Un día que comienza tranquilo da desconfianza, así como una paloma que vuela demasiado cerca y demasiado bajo.
Una caminata bajo la lluvia es tentadora, sin paraguas ni parca, es un mal negocio.
Un mal negocio: Lo es escribir poseído por los sentimientos que se hacen dueños de los pensamientos, lo es hablar con la boca llena de moscas, lo es caminar descalzo en un vertedero, lo es fiarse de la RAE a la hora de interpretaciones, lo es leer un residuo del pasado, lo es meter las narices donde no se debe.
De todas formas sea bueno o malo, no logra ser indiferente.
Tengo catarro, se me caen los mocos y mi voz es irreconocible por lo irritada de mi garganta.
En materia de ojos están hinchados, y cuándo sino nunca han sido sanos (No soy capaz de abrochar mis cordones sin ayuda de lupas).
Y en cuanto a dedos, por el frío retorcidos e incapaces de animarse a tocar guitarra.
Al peinarme me arranco los pelos, cada peinada es un agujero cuando más grande en la nuca.
Llegar a casa y prender la tele se da como acto involuntario, así como tirar la mochila encima de la cama.
Plato al microondas y a subir escaleras, campanita del microondas y a bajar escaleras (casa con escaleras: Mal negocio).
Pc encendida y algo de música ( buen negocio), algo de movimiento para espantar el musgo de las paredes.
Avanza la hora y nuevamente a meter la nariz donde no se debe, cada hojeada es una patada en la nuca, cada click un recto al mentón y cada línea devorada es un diente menos.
Resultado: Irse a la cama por knock out.
Saldo: Moretones en las orejas, hinchados los ojoses, piquete de abeja en la nariz, calvicie prematura y boca inservible para comer choclo.
Un día que acaba mal es buen negocio, en condición de que no se exajere la nota.
Un día que no se acaba al primer contacto con el colchón: Banca Rota.

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