jueves, 24 de junio de 2010

Reflexiones después de la Cena

Una serie de eventos desafortunados ocurridos en un lapso de tiempo que puede considerarse breve, producen una visión fatalista de la situación que obliga o invita a decisiones anticipadas o impulsivas, con una confianza ciega en lo que se está haciendo, una convicción sobre un error que convierte todo en una búsqueda a ciegas o más que eso, acciones más que búsquedas. Luego de un tiempo se puede separar cada uno de ellos y tratarse individualmente, al principio se puede caer muy fácilmente en el error de contemplar la situación como un todo, en el cual uno se haya inmerso en un entorno adverso del cual no se puede salir solamente con la voluntad de hacerlo y es cuando comienzan a acechar los siempre presentes fantasmas de la soledad, pero luego viene el momento de darse cuenta que todo lo malo es permitido casi inconscientemente, producido por un desconocimiento de nuestras emociones que nos hace relacionarlo todo.
El tiempo puede ser un fiel compañero o un asesino lento y silencioso, depende de la visión, y la longitud de ésta. Con frecuencia dejamos que la inmensidad de la vida nos haga menospreciar lo que se vive en minutos, segundos, días, meses, etc...(hoy por hoy 18 años parece un tiempo prudente).
Es evidente que el tiempo desgasta, erosiona, pero cada herida producida por él es sólo reparable dentro de sí mismo.
Cuando un hombre se encuentra consciente de si mismo es cuando ya se halla atado de manos para reparar lo ocurrido, (qué irónico) del error se aprende, pero claro, el error seguirá ahí puesto que en su debido momento no tuvimos la sabiduría necesaria para no cometerlo, o la "experiencia", como también seguirá la esperanza vacía de la "reconstrucción", pero cuando algo depende de dos partes es evidente la necesidad de un acuerdo mutuo para llevar algo a puerto.
Nadie es tan astuto como para engañarse a si mismo, pero cuando una realidad desagradable se hace evidente, el reflejo es optar por "hacerse el huevón", y esto lleva a un optimismo infundado que se sustenta paralelo con la idea o la certeza de que no es más que un espejismo.
La muerte es un llamado a reflexionar, antes buscaba dejar huella, dejar un legado, dejar... algo, pero la visión egoísta que he tomado hoy como escudo me hace cuestionarme aquello, pero triste sería la suerte de aquel que viva esperándola y jamás se presente: Jim (ambos), Janis, partieron ustedes en la cúspide de su vida, bendita sea su fortuna.
Cualquiera sea la razón que cause una tormenta, nunca serán iguales las consecuancias (aunque parezca una situación similar) y el imprudente afán de quererlo todo a corto plazo puede hacernos subestimar el tiempo, impidiendo la calma.

Hace frío y mis dedos están congelados, una sonrisa en mi rostro.
Agradecimientos totales.

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