miércoles, 30 de junio de 2010

Mi amigo Orfeo

Todas las tardes saco a pasear a Orfeo, a veces paseamos por horas y horas, otras sólo minutos. No es que me encante caminar; me preocupo por él, su vida solitaria y monótona, encerrado en ese pequeño chiquero debe ser el motivo de la perpetua tristeza en sus ojos. No cuento esto para vanagloriarme de mi altruismo, creo que es lo mínimo que puedo hacer por quien pone todas las mañanas una palada de comida en mi plato y un balde de agua junto a mi cesta.

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