sábado, 12 de junio de 2010

Pelados y peludos




Tengo un hombre conejo que me acompaña noche y día.
Su cuerpo es el de un hombre promedio y su cara es de roedor.
Al principio parecía agradable, hoy se ha vuelto un fastidio: Cada día tengo que revisar que tenga su agua y cambiar dos veces al día la comida de su fuente, sin mencionar que deja sus desperdicios por toda la casa.
En las tardes me acompaña en mi cuarto y se para junto a mi mientras escribo una que otra burrada, su incesante ruido de olfateo conejístico a veces se vuelve molesto, se me acerca y me olfatea la yugular con el afán de alimentarse de ella, luego se aleja saltando con sus pies de sueco y toca el tambor con sus orejas también conejísticas, de pronto se me acerca y trata de morder mi oreja, durante la noche me ha pillado desprevenido, ¡El muy peludo ya me devoró la izquierda!.
Así es pues como estos conejos asesinos comienzan su campaña.
Mañana lo llevo a la feria a ver si alguien lo quiere, al principio era lindo, ahora es un cacho.

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